

Ecos, archivo vivo.
Proyecto curatorial
2015
Reunimos cantidades notables de cosas, entre ellas recuerdos, tradiciones, objetos, relatos, documentos. Acumulamos y guardamos aquello que nos parece importante. Cosas que sin darnos cuenta hablan de nuestra historia personal o colectiva, de nuestros modos de hacer, de vivir, de relacionarnos con los demás. Registros de algo que evoca en nuestro tiempo al ayer, pero a un ayer con mediación del hoy, de lo que somos ahora.
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Guardamos cosas importantes, las clasificamos y ordenamos, tal vez con criterios de clasificaciones formales, recurrentes o casuales. Este guardar no es gratuito. ¿Qué vale la pena ser guardado?, aquello que su reflejo nos identifica, que tiene un duplicado en nuestra memoria. Guardamos para no olvidar, para tener presente quiénes somos o por temor a necesitar de eso guardado en un futuro.
El objeto que es guardado es importante, así como el lugar mismo donde se guarda. Nace entonces la propuesta colectiva Ecos, que relaciona ambas cosas y que indaga por el archivo vivo e informal, que intenta dar cuenta de algunos aspectos de la memoria individual y de aquella colectiva que tal vez no son tangibles desde la perspectiva de un archivo formal. Así, se intenta establecer un diálogo entre el archivo íntimo y el archivo legítimo, entre el espontáneo y el institucional, entre el catalogado lógico y el catalogado arbitrario.
Las perspectivas de este archivo replanteado señalan el oficio del archivador, presente en nuestra naturaleza. Del acto de guardar y del método de conservación, más que de objetos, de acontecimientos. Aquellos que no son desconocidos para los otros por nuestra condición de humanos, pero que al mismo tiempo son puramente personales y solo tienen sentido o relevancia más que para la persona que los archiva. No es contradictorio que a pesar del carácter individual de estos archivos, la formación y conexión que muchos de ellos pueden tener y la materialización pública nos dan la imagen de un archivo colectivo. Un archivo de memoria popular anónima en el que salen a la luz las similitudes de estos gestos personales y a la vez comunes.
Ecos, archivo vivo se presenta como proyecto colectivo y viene anclado a la intención y a los intereses individuales de cada artista que lo integra. Lo que en un principio se plantea como una aproximación curatorial a este modo de ver el archivo se materializa en la muestra realizada en el Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Colombia, el 9 y el 10 de diciembre del año pasado. Es producto de dos meses de investigación y visitas a lugares específicos que hablan de ese modo de guardar la memoria en la ciudad: archivos, bibliotecas, museos, cementerios, y otros.
La propuesta Refugio de Leovid Silva Díaz muestra una estructura que protege la memoria familiar, un nicho en el que la continua repetición de documentos de casa se funden en su elemento constitutivo y evoca una caverna o una cueva para protegerse o para habitar.
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Alma en boca de Ivonne Suárez parte del tejido que se construye y se carga con las narraciones de diferentes personas. La oralidad en el tiempo, una marca intangible en el hilo enredado y en los registros de la acción continua de tejer.
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Intimidades de Johan Gallego es el resultado de la recopilación de objetos personales íntimos, que se sacan de su espacio de custodia para darles lugar en el edificio del Archivo, intentando preservar su carácter esencial, espiritual e intimista.
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Taxonomías de lo espontáneo, de Nicolás Rueda tiene por intención preservar y poner en evidencia marcas espontáneas grabadas sobre los árboles, que no suelen trascender y cuya materialización se desvanece dado su carácter abierto, público o por su intención efímera.
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Reencuentros entre el hoy y los distintos modos del ayer. Estos pasados son los que no dejamos ir mediante un acto íntimo de conservar, de acortar distancias en el tiempo. Del primer gesto, vivo; la primera impresión, acción en acto, eco en potencia.